Por Rafael González Morales
La injusta y arbitraria reincorporación de Cuba a la lista de estados patrocinadores del terrorismo constituye una decisión política que resulta imprescindible analizar partiendo de tres preguntas fundamentales: ¿Qué propósitos persigue? ¿Cuáles son sus implicaciones para la política hacia Cuba del próximo gobierno estadounidense? ¿Qué opciones tendría la Administración Biden para manejar esta situación?