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Cómo puede terminar la crisis de Ucrania

Con demasiada frecuencia, la cuestión de Ucrania se plantea como un enfrentamiento: si Ucrania se une al Este o al Oeste

  • Henry Kissinger | 27/02/2022

La discusión pública sobre Ucrania tiene que ver con la confrontación. Pero ¿sabemos adónde vamos?  He visto en mi vida cuatro guerras comenzadas con gran entusiasmo y apoyo público, todas las cuales no supimos terminar y de tres de las cuales nos retiramos unilateralmente. La prueba de la política es cómo termina, no cómo comienza.

Con demasiada frecuencia, la cuestión de Ucrania se plantea como un enfrentamiento: si Ucrania se une al Este o al Oeste. Pero para que Ucrania sobreviva y prospere, no debe ser un puesto de avanzada de ninguno de los lados contra el otro; debe funcionar como un puente entre ellos.

Rusia debe aceptar que tratar de forzar a Ucrania a convertirse en un satélite y, por lo tanto, una nueva modificación de las fronteras de Rusia condenaría a Moscú a repetir su historia de ciclos autocumplidos de presiones recíprocas con Europa y Estados Unidos.

Occidente debe entender que, para Rusia, Ucrania nunca puede ser simplemente un país extranjero. La historia rusa comenzó en lo que se llamó la Rus de Kiev. La religión rusa se extendió desde allí. Ucrania ha sido parte de Rusia durante siglos, y sus historias ya estaban entrelazadas antes de esa fecha. Algunas de las batallas más importantes por la libertad rusa, comenzando con la Batalla de Poltava en 1709, se libraron en suelo ucraniano. La Flota del Mar Negro, el medio de Rusia para proyectar su poder en el Mediterráneo, tiene su base en arrendamiento a largo plazo en Sebastopol, en Crimea. Incluso disidentes tan famosos como Aleksandr Solzhenitsyn y Joseph Brodsky insistieron en que Ucrania era una parte integral de la historia rusa y, de hecho, de Rusia.

La Unión Europea debe reconocer que su burocrática morosidad, y la subordinación del elemento estratégico a la política interna en la negociación de la relación de Ucrania con Europa, contribuyeron a convertir una negociación en una crisis. La política exterior es el arte de establecer prioridades.

Los ucranianos son el elemento decisivo. Viven en un país con una historia compleja y una composición políglota. La parte occidental se incorporó a la Unión Soviética en 1939, cuando Stalin y Hitler se repartieron el botín. Crimea, el 60 por ciento de cuya población es rusa, pasó a formar parte de Ucrania recién en 1954, cuando Nikita Jruschov, ucraniano de nacimiento, la otorgó como parte de la celebración del tricentenario de un acuerdo ruso con los cosacos. Occidente es mayoritariamente católico; el este es en gran parte ortodoxo ruso. En el oeste se habla ucraniano; en el este habla principalmente ruso. Cualquier intento de un ala de Ucrania de dominar a la otra, como ha sido el patrón, conduciría eventualmente a una guerra civil o una ruptura. Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hundiría durante décadas cualquier posibilidad de llevar a Rusia y Occidente, especialmente Rusia y Europa, a un sistema internacional cooperativo.

Ucrania ha sido independiente por solo 23 años; anteriormente había estado bajo algún tipo de dominio extranjero desde el siglo XIV. No es sorprendente que sus líderes no hayan aprendido el arte del compromiso, y menos aún el de la perspectiva histórica. La política de Ucrania posterior a la independencia demuestra claramente que la raíz del problema radica en los esfuerzos de los políticos ucranianos por imponer su voluntad en partes recalcitrantes del país, primero por una facción, luego por la otra. Ésa es la esencia del conflicto entre Viktor Yanukovich y su principal rival política, Yulia Tymoshenko. Representan las dos alas de Ucrania y no han estado dispuestos a compartir el poder. Una política sabia de EE. UU. hacia Ucrania buscaría una manera de que las dos partes del país cooperen entre sí. Debemos buscar la reconciliación, no el predominio de una facción.

Rusia y Occidente, y mucho menos las diversas facciones de Ucrania, no han actuado según este principio. Cada uno de estos actores ha empeorado la situación. Rusia no sería capaz de imponer una solución militar sin aislarse, en un momento en que muchas de sus fronteras ya son precarias. Para Occidente, la satanización de Vladimir Putin no es una política; es una coartada para la ausencia de una.

Putin debiera percatarse de que, cualesquiera que sean sus quejas, una política de imposiciones militares produciría otra Guerra Fría. Por su parte, los Estados Unidos necesitan evitar el tratamiento de Rusia como un aberrante al que debe enseñársele pacientemente las reglas de conducta establecidas por Washington. Putin es un estratega serio, montado sobre premisas de la historia rusa. La comprensión de los valores y la psicología de los EE. UU. no es sus punto fuerte. La comprensión de la historia y la psicología rusas tampoco ha sido un punto fuerte de los legisladores estadounidenses.

Los líderes de todos los bandos deben volver a examinar los resultados, no competir en posturas. Ésta es mi noción de un resultado compatible con los valores y los intereses de seguridad de todas las partes:

  • Ucrania debiera tener derecho a elegir libremente sus asociaciones económicas y políticas, incluso con Europa.
  • Ucrania no debiera unirse a la OTAN, una posición que asumí hace siete años, cuando se trató el punto por última vez.
  • Ucrania debe tener la libertad de crear cualquier gobierno compatible con la voluntad expresa de su pueblo. Los sabios líderes ucranianos optarían entonces por una política de reconciliación entre las diversas partes de su país. A nivel internacional, debieran adoptar una postura comparable a la de Finlandia. Esta nación no deja dudas sobre su fiera independencia y coopera con Occidente en la mayoría de los campos, pero evita cuidadosamente la hostilidad institucional hacia Rusia.
  • Es incompatible con las reglas del orden mundial existente que Rusia se anexe Crimea. Pero debiera ser posible poner la relación de Crimea con Ucrania sobre una base menos tensa. Con ese fin, Rusia reconocería la soberanía de Ucrania sobre Crimea. Ucrania debiera reforzar la autonomía de Crimea en elecciones celebradas en presencia de observadores internacionales. El proceso incluiría eliminar cualquier ambigüedad sobre el estado de la Flota del Mar Negro en Sebastopol.

Éstos son principios, no prescripciones. Las personas familiarizadas con la región saben que no todos son aceptables para todas las partes. La prueba no es la satisfacción absoluta sino la insatisfacción equilibrada. Si no se logra alguna solución basada en estos u otros elementos comparables, se acelerará la deriva hacia la confrontación. El tiempo para eso llegará muy pronto.

Tomado de https://doctorpolitico.com/2022/02/24/kissinger-sobre-la-situacion-ucraniana/

Este artículo se publicó por primera vez en The Washington Post en 2014.

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