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Región: Estados Unidos

Estados Unidos en los albores del neofascismo

Pero el trumpismo conlleva manifestaciones y acciones que amenazan con quebrar las reglas y prácticas de un sistema político vigente durante siglos

  • Carlos Ciaño Zanetti | 07/03/2022

Investigador del CIPI

A partir de los años 80 del pasado siglo, mientras Estados Unidos se iba polarizando políticamente de manera creciente, el Partido Republicano, que siempre fue más conservador que el Demócrata, se fue haciendo más conservador aún, llegando en los últimos años a ser un partido dominado por el ultra conservadurismo, donde “el más liberal de sus miembros es más conservador que el más conservador de los demócratas”.(1) Con la victoria de Donald Trump en las elecciones de 2016, ese sector ultraconservador comienza a fraccionarse en la medida en que un creciente número de sus miembros va separándose del conservadurismo tradicional e identificándose con las posiciones del magnate presidente hasta llegar a constituir una clara mayoría dentro del partido.

Esta mayoría trumpista domina hoy el Partido Republicano y lo aleja de las tradicionales posiciones conservadoras en favor de otras políticas que en algunos aspectos comparte esas posiciones conservadoras ancestrales, pero en otros aspectos difiere: En lo interno pretende defender los intereses de la clase obrera con un discurso populista, aunque no abogue por incrementar los salarios de ésta ni aumentar los impuestos a los más ricos y las corporaciones en beneficios de los trabajadores, sino que concentra su accionar en procurar el regreso de las compañías que en busca mayores beneficios se han establecido en otros países, cerrar la frontera sur, incluso mediante la construcción de un muro, para evitar la entrada de inmigrantes que considera despojan de sus empleos a los obreros norteamericanos, y combatir las supuestas desleales ventajas de la R.P.China en sus relaciones comerciales con Estados Unidos. Por otra parte, en el ámbito de las relaciones exteriores, asume políticas de corte aislacionista que lo distancian de las tendencias globalistas  predominantes en la actualidad.

Pero el trumpismo conlleva manifestaciones y acciones que amenazan con quebrar las reglas y prácticas de un sistema político vigente durante siglos, destruyendo con ello el fundamento que constituye garante de la legalidad e igualdad de oportunidades de los diferentes grupos que integran la élite económica del país.

El asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 fue el aldabonazo que disparó las alarmas e hizo que decenas de voces autorizadas se alzaran para alertar de los peligros que desafiaban la llamada democracia americana. Sin embargo, no fue aquella la primera señal de lo que venía gestándose. Por su postura racista, machista, xenófoba, en ocasiones irrespetuosa hacia las mujeres, las minorías y los discapacitados, la personalidad del hombre que habría de hacerse con el control del Partido Republicano constituyó, desde los primeros momentos, motivo de preocupación para muchos que comenzaron a ver en él indicios de procederes propios del fascismo.

Con posterioridad, nuevas manifestaciones de ese tipo han tenido lugar por parte suya y de sus seguidores: las acusaciones de socialistas y comunistas a los candidatos demócratas, incluyendo al propio Biden, ridículas para muchos por lo alejadas de la realidad, y de las que estuvo preñada la campaña electoral republicana y casi todo el discurso de los diversos oradores que participaron en la Convención del Partido; las infundadas declaraciones de Trump, primero de que sólo podía perder las elecciones si se cometía fraude en las mismas (sugiriendo que se preparaba para desconocer los resultados) y luego insistir, sin prueba alguna, en que se había cometido fraude y le habían robado el triunfo; todas sus sucias y diversas maniobras procurando revertir los resultados en algunos estados, y más tarde su intento de golpe de estado cuando aquellos propósitos no fructificaron; numerosas falsas acusaciones, insultos y agresiones verbales contra instituciones e individuos, algunos incluso de probada filiación conservadora como el vicepresidente Mike Pence y el líder de la minoría en el Senado Mitch McConnell, contra quienes ha empleado los peores insultos porque considera que no le han sido fieles.

Los periodistas Mark Mazzetti y Adam Goldman en su artículo “Erik Prince ayudó a recaudar dinero para un proyecto conspirativo de espionaje”, de febrero 8 de este año, revela nuevos detalles de una ambiciosa operación destinada a infiltrar opositores de Donald Trump, incluyendo demócratas y republicanos moderados y progresistas, así como los denominados RINOs (republicanos sólo de nombre). Prince es un viejo amigo y ex colega de Trump, ex contratista de la CIA y fundador de la firma militar privada Blackwater, de antecedentes tan oscuros como su nombre. Se trataba de una operación de espionaje infiltrando agentes, destinada a obtener información comprometedora que pudiera servir para desacreditar a políticos y activistas políticos en diversos  estados.

Mención especial en este sentido merece el estado de la Florida, incluyendo el gobernador del estado, y particularmente los congresistas de origen cubano. En un artículo de la reconocida periodista  y fundadora del Nuevo Herald, Fabiola Santiago, del 1 de febrero del presente año, titulado “El Gobernador DeSantis no es una víctima. Su retórica permite actos de odio como manifestaciones Nazi”, la autora menciona recientes manifestaciones en Miami Beach y en zonas centrales del estado donde se emplearon consignas nazis y mostraron banderas con la swástica, señalando que ello ocurre porque DeSantis lo permite, no solo de palabra sino mediante leyes dirigidas contra las minorías, al tiempo que ignora cuando se trata de grupos de extrema derecha. Plantea que DeSantis nunca ha condenado el nazismo, y que la Florida tiene la mayor cantidad de ciudadanos arrestados por los ataques al Capitolio el 6 de Enero.

El 24 de enero del presente año Fabiola escribió un artículo en El Nuevo Herald titulado “Legisladores cubanos deshonran la lucha democrática al apoyar el fascismo de DeSantis”, donde informa que en la Florida se presentaron dos proyectos de resolución “en honor a los más de 100 millones de víctimas del comunismo en todo el mundo.” Los proyectos establecen que el gobernador del estado proclamará el 7 de noviembre de cada año como “Día de las Víctimas del Comunismo”. También que a partir del año escolar 2023-2024, las escuelas secundarias requerían a los estudiantes recibir al menos 45 minutos de instrucción sobre el “Día de las Víctimas del Comunismo”. En esas clases “recibirían información de temas relacionados con Mao Zedong y la revolución cultural, Joseph Stalin y el sistema soviético, Fidel Castro y la revolución cubana, Vladimir Lenin y la revolución rusa, Pol Pot y los Khmer Rojos y Nicolás Maduro y el  chavismo, y cómo sus ciudadanos sufrieron bajo estos regímenes a través de la supresión del discurso, la pobreza, hambruna, migración y violencia letal sistémica”.(2)

En Miami, congresistas cubanoamericanos presentaron, en el Distrito 26 de La Florida, el proyecto de ley “Combate al Comunismo”, que pretende crear una posición de “representante especial” dentro del Departamento de Estado para reorientar la política exterior de los Estados Unidos hacia los gobiernos de países socialistas y comunistas. Este representante especial “deberá apoyar a las personas que se manifiestan en contra de las dictaduras, trabajar con organizaciones no gubernamentales y grupos internacionales para apoyar a la sociedad civil, conectar al gobierno federal con los grupos opositores dentro de los países dictatoriales que no tienen relaciones formales con los Estados Unidos como Cuba, Venezuela e Irán, y servir como asesor político al presidente en los asuntos de combatir al comunismo”.(3)

El 21 de julio de 2021 la congresista republicana de Miami de origen cubano María Elvira Salazar, con el copatrocinio de más de 120 congresistas, todos republicanos, presento la Resolución 548 “Denunciando los horrores del Socialismo”, que aunque se refiere a varios países, hace especial énfasis en Cuba y los sucesos del 11 de julio.(4)

Vale destacar en este contexto la aparición y/o auge de una gran cantidad de organizaciones con características y conductas fascistas. Algunas de las más activas actualmente son: QAnon que denuncia la existencia de una presunta élite compuesta por pedófilos y adoradores de Satán; los Proud Boys que aboga por la supremacía blanca y cuyo líder es de origen cubano; Oath Keepers, que es un grupo paramilitar, mucho de cuyos componentes son miembros activos y retirados del ejército y la policía; y Boogaloo Bois, movimiento violento antigubernamental. “Estas organizaciones son de extrema derecha y la mayoría de sus integrantes supremacistas blancos y fanáticos partidarios de Trump. Entre los que asaltaron el Capitolio el 6 de enero había miembros de estas organizaciones”.(5) El Partido Nazi estadounidense saludó la victoria de Trump y la calificó como el despertar de la gente blanca.(6)

Quizás ningún otro ejemplo muestre de manera tan clara la completa subordinación del Partido Republicano al ex presidente Trump como la declaración oficial del Comité Nacional del Partido Republicano del 4 de febrero del presente año donde dice que el ataque que tuvo lugar el 6 de enero del pasado año al Capitolio y los acontecimientos que lo originaron constituyen “un procedimiento político legítimo”. Además, por mayoría abrumadora el Comité Nacional Republicano censuró a los congresistas Liz Cheney y Adam Kinzinger por condenar el ataque al Capitolio y la conducta de Trump, así como por su posterior participación en las investigaciones que realiza la Cámara de Representantes sobre dicho ataque. La resolución de censura plantea que el Partido “debe inmediatamente cesar cualquier apoyo a ambos legisladores como miembros del Partido Republicano debido a su conducta”.

Al día siguiente de esta declaración, el ex presidente Trump afirmó que si vuelve al poder tras las elecciones de 2024, perdonará a quienes asaltaron el Capitolio.

Trump y el Partido Republicano trabajan ahora en varias direcciones para obtener el control político del país a partir de 2025. El primer paso es obtener mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso en las elecciones de medio término de noviembre del presente año. Aunque para ello el partido procura encontrar los mejores aspirantes para enfrentarlos a los demócratas, los partidarios de Trump buscan y estimulan preferentemente a aquellos que comparten sus ideales y apoyan a su líder, no sólo para enfrentar a los demócratas, sino en muchos casos para contender en primarias a otros republicanos no trumpistas.

Por otra parte el Partido Republicano, aprovechándose de la equiparación de fuerzas que existe en el Senado y del procedimiento conocido como filibusterismo vigente en dicha Cámara Alta, (que exige la aprobación de muchas leyes, sobre todo las más importantes, por mayoría del 60% en lugar del 51%) está impidiendo la aprobación de proyectos progresistas como los relacionados con el cambio climático, el salario mínimo, la equiparación de salarios entre mujeres y hombres, el control de armas, la inmigración, etc., que cuentan con amplio respaldo en el pueblo, y que de ser aprobados podrían beneficiar considerablemente al Partido Demócrata en las elecciones de este año.

De igual forma bloquea los intentos del Partido Demócrata por impedir que los republicanos continúen suprimiendo y dificultando el derecho al voto de un gran número de ciudadanos en estados donde cuentan con mayoría. En este caso los republicanos han tenido éxito frenando los intentos demócratas de discutir y aprobar en el Senado modificaciones a dos leyes, el Voting Right Act de 1965 y el Freedom to Vote Act . “Hacer más difícil votar y politizar el tradicionalmente no partidista proceso electoral, constituyen piezas esenciales de la agenda antidemocrática del Partido Republicano para ganar elecciones por cualquier vía”.(7) 

La tercera vía la están llevando a cabo precisamente a través de reformas electorales en aquellos estados donde tienen mayoría. En muchos de estos estados están aprobando decenas de leyes destinadas a endurecer los requisitos para votar, con el propósito de dificultar o impedir el voto de minorías, pobres y otros sectores que se conoce apoyan mayoritariamente a los candidatos demócratas. Procuran incluso que los funcionarios que se encargan de las elecciones tengan poder para anular votos. Con argumentos de evitar supuestos fraudes tratan de suprimir el voto adelantado y el voto por correo, restringir los horarios de los centros de votación y eliminar algunos de éstos para dificultar el acceso a los mismos, e incluso hasta prohibir dar agua a beber a aquellos que están haciendo las colas para votar. Además, procuran en esos estados donde tienen mayoría controlar los mecanismos de colección y conteo de boletas.

En recientes declaraciones al programa UpFront de la agencia de noticias Al Jazeera, el destacado politólogo Noam Chomsky, para quien el Partido Republicano es un partido neofascista, dijo que los Republicanos habían introducido no menos de 262 proyectos de ley en 41 estados para interferir en las elecciones a su favor y tratar de asegurar un dominio permanente mediante la exclusión de los votos de “personas de tipo equivocado”.

Otro mecanismo que forma parte de esta tercera vía es el gerrymandering o reconfiguración de distritos electorales, mediante el cual se puede reconfigurar la forma de un distrito según convenga al partido que controle el estado en cuestión, separando los distritos de forma que maximice sus resultados y minimice los del adversario, lo cual se consigue agrupando zonas en las que se concentre el voto a favor de su partido y dispersando el voto del partido contrario en varios distritos, y que según Ari Berman, especialista en temas electorales, es más efectivo aún que la supresión de votantes. “Este año los Republicanos están autorizados a reconfigurar 187 distritos electorales por 75 los Demócratas.”(8)

Larry Diamond destacado académico norteamericano, “senior fellow” del conservador tanque pensante Hoover, en su artículo “A World Without American Democracy ? The Global Consequence of the United States´Democratic Backsliding”, publicado en Foreign Affairs el 2/7/21, planteaba: “Los E.U. enfrentan hoy un creciente movimiento antidemocrático, no sólo proveniente de grupos extremistas, también de un amplio grupo de funcionarios que desafían los fundamentos de la democracia electoral”. Y más adelante: “la mayoría de los analistas subestimaron la magnitud con que Trump reformularía el Partido Republicano como una institución no sólo servilmente leal a él, sino hostil a la democracia… si los resultados de una elección nacional resultasen determinados por la exclusión fraudulenta o la manipulación de votos, el país dejaría de ser una democracia.” Y concluye: “sin una legislación nacional que impida el gerrymandering partidista y fortalezca el sistema de votación, lo que parece muy poco probable en un futuro cercano, quedará en manos de la sociedad civil norteamericana defender la democracia americana.”

Algunos  incluso van más allá y están alertando sobre una posible guerra civil en Estados Unidos. Barbara F. Walter, politóloga de la Universidad de San Diego, California, en su libro “How Civil Wars Start: And How to Stop Them”, alerta sobre lo cerca que puede estar el país de una guerra civil. Dice conocer las señales de cómo éstas empiezan y está viendo como en Estados Unidos esas señales están creciendo rápidamente en la actualidad. Por su parte el ensayista y novelista canadiense Stephen Marche en ” La Próxima Guerra Civil en EE.UU. ya está aquí y el país se niega a verla”, The Guardian, 5/1/22, plantea que Estados Unidos nunca ha enfrentado una crisis institucional como la que enfrenta ahora y se encamina hacia una guerra civil. Argumenta que el problema no es quien está en el poder sino las estructuras de poder, y que la crisis es inmediata, duradera y se está acelerando.

La inmensa mayoría de los especialistas en elecciones del país coinciden en que, como se ven las cosas hoy, el Partido Republicano tiene amplias probabilidades de lograr mayoría en la Cámara de Representantes en las elecciones de este año, y al menos un 50% de lograrlo también en el Senado. La experiencia demuestra que este tipo de elecciones de medio término constituye una especie de referendum sobre el desempeño del Presidente y, al menos hasta ahora, los estados de opinión sobre Biden son bajos (sólo poco más del 40% aprueba su gestión), golpeado por los efectos de la pandemia que aún no desaparecen y una inflación que anda por el 7.5% y es la más alta en los últimos 40 años. Además la experiencia indica que en este tipo de elecciones de medio término el partido que controla la Casa Blanca pierde una considerable cantidad de asientos en el Congreso. “Entre 1978 y 2018 hubo 11 elecciones de medio término y en 9 de ellas el partido que controlaba la Casa Blanca perdió como promedio 28 asientos en la Cámara Baja”.(9)

De cierta manera la campaña electoral por las presidenciales de 2024 comenzó desde el instante mismo que terminaron las de 2020. Biden ha dicho claramente que piensa reelegirse, pero tendrá que contar con los resultados de su gestión, su avanzada edad y las pifias que le caracterizan y que deben crecer en la medida que continúe perdiendo facultades. Por su parte su vicepresidenta Kamala Harris goza de muy baja credibilidad en el electorado. En el caso del Partido Republicano varias encuestas demuestran que de manera abrumadora los republicanos quieren a Trump de nuevo en la presidencia. Una de CBS de fin de año arrojó un 76% y otra de Reuters lo situaba en primer lugar de las preferencias entre los republicanos con 43 puntos por encima del que marchaba en segundo lugar. No resulta casual que ese segundo lugar lo ocupe Ron DeSantis, el gobernador de Florida acusado de fascista por una periodista del Nuevo Herald.

Como se ven hoy las cosas puede decirse que los acontecimientos apuntan a unos próximos tres años (hasta el primer semestre de 2025) que pudieran resultar decisivos en determinar si los Estados Unidos continúan avanzando por el peligroso camino emprendido por el Partido Republicano hacia un modelo de sistema de tipo autoritario con características neofascistas, o logra preservar las hasta ahora vigentes propiedades y valores esenciales de su sistema político.

(1) Mann, Thomas E. y Ornstein, Norman J., It´s Even Worse than it Looks, Basic Books, 2012.

 (2) Osorio, Sonia, Legisladores de Florida quieren honrar a víctimas del comunismo con esta iniciativa”, Sur de la Florida, actualizado 7/11/22.

(3) CUBANET, “Presentan en Miami proyecto de ley Combate al Comunismo”, 26/1/22.

(4) sitio web del Congreso

(5) Ciaño Zanetti, Carlos, ¿Existe democracia en Estados Unidos?, febrero 2022.

(6) Faus, Joan, El triunfo de Donald Trump galvaniza a la derecha racista de Estados Unidos, El País, 22/11/16.

(7) Kalifa, Tamis, The Growing Fight Over Voting Rights, New York Times,12/1/22.

(8) Wasserman, Dave, The Cook Political Report

(9) Ciaño Zanetti, Carlos, Los Partidos Demócrata y Republicano del Siglo XXI, sitio web CIPI, julio 2021.

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