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Hacia un ejército europeo: ¿Posibilidad o Deseo?

El ejército al que se aspira hay que construirlo completo porque el armamento y la técnica que tienen los miembros de la OTAN, destinados a esta organización son exclusivos de la Alianza y no pueden ser utilizados para garantizar otros intereses fuera del bloque

Investigador del CIPI

La Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, se encamina a cumplir 73 años. Surgió en un contexto muy favorable para Estados Unidos de América –EUA-, única potencia que no sufrió grandes destrucciones durante la Segunda Guerra Mundial.

EUA supo aprovechar la debilidad de las principales potencias europeas y otros países del área para proponerles la creación de una organización militar, capaz de enfrentar a la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas, (URSS) -el enemigo según los países occidentales-, que también tenía como misión principal reconstruir la mayor parte de su extenso territorio.

El gobierno estadounidense de entonces hizo una importante movida en el tablero geopolítico mundial, previendo que si los europeos creaban una organización militar -débil en aquellos momentos- a la larga podría convertirse en poderosa y hasta cierto punto, competidora.

La combinación del Plan Marshall, enorme ayuda económica para Europa -que sirvió para que EUA se implicara con mayor amplitud en las redes económicas europeas- y la creación de la OTAN, abrieron el camino a la nueva gran potencia para introducirse en lo más profundo de Europa, económica y militarmente, logrando con ello un nivel de sintonía con su política exterior y de seguridad que en no pocas ocasiones se acerca a la subordinación.

Además, la OTAN representa un brazo armado poderoso que cumple misiones de interés común, generalmente donde los europeos han tenido mayor presencia histórica como en África, aunque también han sido utilizados en el mismo continente europeo como en los Balcanes Occidentales, también en aquellos lugares en los cuales EUA no desea involucrarse directamente como actualmente en Irak o como acompañante en grandes campañas.

También en Afganistán, cumpliendo con el compromiso que les impuso el Artículo 5 del tratado de Washington -Tratado de  la OTAN-, al ser invocado por EUA en la alegada cruzada contra el terrorismo o armando y entrenando a las tropas en Georgia y Ucrania, además de ubicar una cantidad considerable de sus efectivos en la frontera con Rusia.  

En el contexto de la Guerra Fría, el presidente francés Charles De Gaulle desarrolló una profunda política nacionalista, afirmando que Francia, como potencia principal no tenia por que depender de otros países, como EUA para garantizar su seguridad nacional y prosperidad.

Con este fin, la política de independencia nacional lo llevó en 1966 a retirarse del comando militar integrado de la OTAN, desmantelar las bases militares estadounidenses asentadas en Francia, sacar la sede de la OTAN de Paris –que se asentó en Bruselas, donde permanece-  y continuó el programa de desarrollo nuclear independiente, que había convertido a Francia, a principios de la década de 1960,  en una nueva potencia nuclear.

De Gaulle expresó que la retirada de la Alianza Atlántica tenía por objetivo devolver a sus fuerzas armadas el carácter plenamente nacional y cortar toda subordinación de la estructura bélica francesa a una autoridad foránea, así como cualquier presencia militar extranjera en el país.

Con esta acción, De Gaulle quiso poner a Francia a la altura de las potencias nucleares de la época y ganar autoridad mundial, pero ya la suerte estaba echada: EUA, aprovechando sus ventajas de fines de  la Segunda Guerra Mundial, más las medidas tomadas para mandar en Europa, había logrado esto último ampliamente.

Hay que señalar que, ciertamente, la decisión del presidente francés fue un importante acto de soberanía frente al dominio militar estadounidense en Europa, pero no fue total, porque no dejó  de pertenecer a la Organización Atlántica, como hubiera sido de esperar, para cortar todo lazo de subordinación al nuevo imperio.

De Gaulle restauró las relaciones franco alemanas con el objetivo de buscar un equilibrio europeo frente a los poderes estadounidense y soviético, se opuso al desarrollo de una Europa supranacional, abogando por una soberana y vetó, en dos ocasiones la entrada del Reino Unido –incondicional estadounidense- a la entonces Comunidad Económica Europea.

En aquellos tiempos, estaba aun muy reciente la incorporación de Alemania a la OTAN -1955- quien todavía no estaba en condiciones políticas ni económicas de estar alzando la voz en un contexto en el cual la memoria de los horrores del fascismo estaban muy frescos en las mentes de los líderes europeos y de sus pueblos.

Alemania Federal avanzó en su desarrollo económico con bastante rapidez y a medida que lo hacía, incrementaba sus relaciones económicas y comerciales con la Unión Soviética –URSS-, vecina y socio comercial natural, aunque ese tipo de vínculo siempre fue y es actualmente superior con EUA.

No obstante, las relaciones fueron desarrollándose hasta el punto en que el entonces Presidente soviético Leonid Breznev visitó Bonn, capital de la otrora Republica Federal de Alemania, a finales de 1981 y conjuntamente con esa histórica visita se firmaba el llamado “acuerdo el siglo” que contemplaba entre otros renglones, el abastecimiento continuo, a través de gasoductos, de gas natural siberiano hacia Alemania y con ello a una parte de Europa.

La relación establecida entre Alemania Federal y la URSS y la firma del acuerdo gasífero constituyó una fuerte contradicción entre Alemania y EUA. Este ultimo desaprobaba el acuerdo porque preveia que el gas podía ser utilizado por la URSS como instrumento  de presión política contra Europa.

 Esa contradicción, pasados los años, se mantiene, ahora con la Alemania unificada, por sus negocios con Rusia y fundamentalmente por los gasoductos que han construido juntos. En este sentido Alemania siempre ha aspirado a tener cierta independencia de EUA, no solo desde el punto de vista económico, sino también en el militar. No obstante lo anterior, Alemania se ha sumado a las sanciones que la UE, acompañando a EUA, ha impuesto  a  Rusia por diversas alegadas razones.

Siguiendo la tradición independentista militar de Alemania y Francia, así como la ampliación de las relaciones entre ambos, en la década de 1990 el Canciller alemán Helmut Kohl y  el presidente francés François Mitterrand iniciaron una cooperación militar que conllevó a la creación, en 1991, de una fuerza conjunta con el objetivo cumplir misiones “humanitarias” en interés de los países que la organizaron, fundamentalmente en África.

A esta fuerza se incorporaron Bélgica en 1993, España en 1994 y la denominaron Eurocuerpo, con su cuartel general radicado en Estrasburgo, Francia. Esta unidad fue utilizada también en los Balcanes Occidentales, concretamente en Kosovo, como parte  de la misión de la OTAN en ese territorio y terminó, a propuestas de EUA, pasando a formar parte las fuerzas de respuesta rápida  la OTAN. Actualmente tiene también efectivos de Luxemburgo, con EUA y Rumania asociados. Como puede apreciarse, dejó de ser una fuerza independiente.

Francia y Alemania se opusieron a la Segunda Guerra del Golfo -también llamada Guerra de Irak. Francia se abstuvo de participar en la coalición convocada por EUA, abogando por forzar el desarme de Irak y utilizar la fuerza solo en última instancia y en el marco de la ONU. Alemania también se opuso al uso de la fuerza. España participó, pero se retiró al año siguiente al asumir José L. Rodríguez Zapatero la presidencia.

Estas posturas crearon un ambiente de gran tensión entre estos países y EUA  y favorecieron la ampliación del consenso  diplomático entre Francia y Alemania. No obstante, en 2009, año del 60 aniversario de la Alianza, el entonces presidente francés, Nicolás Sarkozy rompió la tradición mantenida hasta esa fecha por los mandatarios que sucedieron a De Gaulle e incorporó  nuevamente a Francia al aparato militar de  la Alianza.

También, es preciso señalar que la misión en Afganistán, a la cual acudieron todos los miembros de la Organización Atlántica al ser invocado por EUA el Artículo 5 de Tratado de la OTAN, tuvo una época en que la contribución de  los principales aliados europeos a la agrupación de tropas era pobre, de acuerdo con los criterios estadounidenses. Cuando el presidente Barack Obama llegó a la Casa Blanca, los presionó con el apoyo de su incondicional Reino Unido y logró que hubiera un aumento notable de los efectivos militares europeos.

En el momento en que la ISAF -International Security  Assistance Force- (asi se llamó la agrupación de tropas liderada por la OTAN), tuvo la mayor cantidad de tropas en Afganistán (año 2011), los aliados europeos que mayores contribuciones tenían eran: Alemania, unos 5000 efectivos; Francia, 4000; Reino Unido, 9500; Italia, 3800 aproximadamente; mientras EUA llegó a tener 90000 y algo más.

Como puede apreciarse, independientemente de los criterios que diferentes gobiernos europeos han manejado con respecto a su dependencia militar y política de EUA y de la OTAN, todos acuden, más rápido o más tarde  con mayor o menor presión, pero cumplen con las necesidades y requerimientos del imperio.

En diferentes documentos de la UE, tales como su estrategia general, el tratado de Lisboa y otros, siempre se afirma que la seguridad de la UE descansa en su vinculación con la OTAN.

Independientemente de las discrepancias entre algunos miembros de la OTAN europeos con EUA ya abordadas, han existido otras: recientemente se produjo la salida precipitada de las tropas de la OTAN de Afganistán por una decisión unilateral, tomada por el miembro principal de la Alianza y obligadamente secundada por el resto de los aliados, que ha sido motivo de críticas y discrepancias internas entre el presidente estadounidense, el Secretario General del bloque Atlántico y otros miembros  de la Organización.

En general existe el criterio  de que EUA actúa según sus intereses cuando tiene situaciones complicadas, desconociendo el criterio o la situación  de sus socios a diferencia de cuando necesita de ellos, como se recordaba anteriormente.

Recientemente EUA, Reino Unido y Australia alcanzaron un acuerdo militar denominado AUKUS, por las siglas en inglés de los involucrados, para fortalecer la presencia militar en el Indo Pacifico contra China. Entre otras decisiones tomadas, Australia canceló un contrato de compra a largo plazo de submarinos franceses y en su lugar comprará otros de propulsión atómica a EUA. La molestia del gobierno francés por esta decisión ha alcanzado altos niveles y ha pronunciado fuertes declaraciones al respecto.

Aunque Australia no es miembro de la OTAN es uno de sus principales “Socios por el Mundo” y en definitiva son aliados. Además, Francia no comparte el nivel de conflictividad con China que EUA promueve.

Desde que el presidente estadounidense Donald Trump llegó a la Casa Blanca, arremetió fuertemente con Alemania: primero, porque su gasto militar estaba muy por debajo del promedio previsto (1,24 % del PIB); en segundo lugar, llegó a declarar que Alemania era traidora y cautiva de Rusia por los negocios que tiene con ese país, entre ellos, el relacionado con el gas (gasoductos North Stream). A la llegada del presidente Biden al despacho oval, este último tema tomó fuerza de nuevo, pero sus presiones no lograron detener la marcha de la construcción del North Stream II que recientemente fue terminado exitosamente. Esto no borra la contradicción existente, más bien, la agudiza.

Hay también diferencias de criterios entre los Aliados sobre cómo conducir las relaciones OTAN-Rusia, a partir de dos posiciones diferentes: enfrentar o dialogar; hubo discrepancias en su momento en cuanto a la manera en que EUA provocó la crisis ucraniana, apoyada después por la UE.

Las contradicciones que se presentan entre los países miembros  de la OTAN –la mayoría de la UE- han conducido ocasionalmente a valorar la posibilidad  crear un ejército europeo, paralelo a la OTAN para manejarlo por la UE, según sus necesidades y sin contar con EUA.

La situación creada con la salida de Afganistán, la creación del AUKUS con Australia y la cancelación por Australia de la compra  de submarinos franceses, han vuelto  a poner sobre el tapete el asunto del Ejército Europeo.

Ahora bien, ¿es realmente posible la creación de un ejército paralelo a la OTAN para la UE?

Es necesario tener en cuenta que la UE gasta aproximadamente unos 50 millones de dólares anuales para garantizar las misiones que tiene desplegadas fuera de sus fronteras, fundamentalmente en África.

El ejército al que se aspira hay que construirlo completo porque el armamento y la técnica que tienen los miembros de la OTAN, destinados a esta organización son exclusivos de la Alianza y no pueden ser utilizados para garantizar otros intereses fuera del bloque. Habría que erogar enormes sumas para poner ese ejército a la altura que exige la actualidad.

Sería necesario destinar anualmente fondos similares a los que se destinan para el presupuesto anual de la OTAN –unos  2600 millones de euros-, teniendo en cuenta que el ejército tuviera una composición similar al de la Alianza, más los gastos regulares del ejercito.

Tendrían que ponerse al día todos los países miembros de la OTAN con el compromiso de llevar su gasto militar al 2% de los respectivos PIB y de ese dinero destinar el 20% a la compra de armamento vital y además, hacer algo similar para garantizar que el ejercito esté al menos, al nivel de la OTAN en técnica y armamento. EUA no permitiría que se gastara dinero en crear un ejército paralelo a la Alianza Atlántica sin haber cumplido los miembros europeos los compromisos contraídos.

Será necesario contar con todos los países miembros de la UE para que den su consentimiento en formar el ejército porque debe haber unanimidad a la hora de aprobar las decisiones del bloque, más para una tarea tan grande: la UE tiene grandes diferencias económicas entre sus miembros, los más pobres tendrían que erogar más recursos a costa de los presupuestos públicos,  ya deprimidos. Seguramente los miembros de la Alianza Atlántica procedentes de Europa del Este estarían en contra de la propuesta.

Conclusiones

A lo largo de esta exposición se ha valorado la existencia de diferentes contradicciones entre algunos miembros de la OTAN–UE, fundamentalmente Francia –la más radical- y Alemania, más ponderada en sus posturas y España, ocasionalmente. Otros miembros no se manifiestan de la misma manera y todos, cuando el imperio aprieta las tuercas, asumen la posición requerida.

La creación de un ejército europeo, paralelo a la OTAN requeriría la erogación de enormes recursos para su construcción y el avituallamiento con técnica y armamento modernos, además de seguir cumpliendo con los compromisos contraídos con la OTAN, que varios de sus miembros no han logrado.

Los países más pobres, no interesados en buscarse problemas con EUA y con situaciones económicas comprometidas, no estarían de acuerdo al igual que los procedentes de Europa del Este, quienes sienten en la OTAN una protección, no solo del enemigo externo, sino de algunos poderosos internos que pasarían a comandar el nuevo aparato militar.

En todo caso, varios países podrían ponerse de acuerdo nuevamente para crear una fuerza de respuesta rápida, como ya hicieron Francia y Alemania en los años 90, al crear el Eurocuerpo, para unos años después correr la misma suerte de convertirse en una importante unidad de respuesta rápida de la OTAN.

Tomado de http://www.cipi.cu/roque

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